lunes, 29 de junio de 2009

Ejemplos de narración



Cuatro ejemplos de narración en los siguientes fragmentos: técnica lineal: “Emma Zuns” de Jorge Luis Borges; técnica de diario: “La tregua” de Mario Benedetti; retrospección: “Nombre de la esquina rosada” de Jorge Luis Borges; técnica sucesiva: “Juanita la larga” de Juan Valera.

“Emma Zuns.
No durmió aquella noche, y cuando la primera luz definió el rectángulo de la ventana, ya estaba perfecto su plan. Procuró que ese día, que le pareció interminable, fuera como los otros.
Había en la fábrica rumores de huelga; Emma se declaró, como siempre, contra toda violencia. A las seis, concluido el trabajo, fue con Elsa a un club de mujeres, que tiene gimnasio y pileta. Se inscribieron; tuvo que repetir y deletrear su nombre y apellido, tuvo que festejar las bromas vulgares que comentan la revisión. Con Elsa y con la menor de los Kronfuss discutió a que cinematógrafo irían el domingo a la tarde. Luego, se habló de novios y nadie esperó que Emma hablara. En abril cumpliría 19 años, pero los hombres le inspiraban, aún, un temor casi patológico… De vuelta, preparó una sopa de tapioca y unas legumbres, comió temprano, se acostó y se obligó a dormir. Así, laborioso y trivial, pasó el viernes quince, la víspera”.

“La tregua.
Martes 28 de enero
En la libreta hay tantas otras cosas, tantos otros rostros: Vignale, Aníbal, mis hijos, Isabel. Nada de eso importa, nada de eso existe. Mientras estuvo Avellaneda, comprendí mejor la época de Isabel, comprendí mejor a Isabel misma. Pero ahora ella no esta, e Isabel ha desaparecido detrás de un espeso, de un oscuro telón de abatimiento.
Viernes 31 de enero
En la oficina defiendo tenazmente mi vida (mi muerte) esencial, entrañable, profunda. Nadie sabe qué pasa exactamente en mi. mi colapso del 23 de septiembre fue, para todos, una explicable conmoción y nada más. Ahora ya se habla menos de Avellaneda y yo no saco el tema. Ya la defiendo con mis pocas fuerzas.
Lunes 3 de febrero
Ella me daba la mano y no hacía falta nada más. Me alcanzaba para sentir que era bien acogido. Más que besarla, más que acostarnos juntos, más que ninguna otra cosa, ella me daba la mano, y eso era amor”.

“Nombre de la esquina rosada.
A mi, tan luego, hablarme del finado Francisco Real. Yo le conocí, y eso que éstos no eran sus barrios porque el sabía tallar más bien por el norte, por esos lados de la laguna de Guadalupe y la Batería. Arriba de tres veces no la traté, y esas en una misma noche, pero es noche que no se olvidará, como que en ella vino la Lujanera, porque sí, a dormir a mi rancho, y Rosendo Juárez dejó, para no volver, el arroyo. A ustedes, claro que les falta la debida experiencia para reconocer ese nombre, pero Rosendo Juárez el Pegador era de los que pisaban más fuerte por Villa Santa Rita. Mozo acreditao pa’l cuchillo y era uno de los hombres de D. Nicolás Paredes, que era uno de los hombres de Morel. Sabía llegar de lo más rumboso a la timba, en un oscuro, con las prendas de plata; los hombres y lo0s perros lo respetaban y las chicas también; nadie ignoraba que estaba debiendo dos muertes; usaba un chambergo alto, de ala finita, sobre la melena cuidada; la suerte lo mimaba; como quien dice. Los mozos del lugar le copiábamos hasta el modo de escupir. Sin embargo, una noche nos ilustró la verdadera condición de Rosendo…”

“Juanita la Larga.
Sin hacer ruido, llegó don Paco a la casita y vio que la puerta estaba cerrada con cerrojo que había por dentro. La luz salía por un ventanucho pequeño, donde, en vez de vidrios había estirado un trapo sucio para resguardarlo contra la lluvia y el frío. Con el estorbo del trapo no se podían ver los objetos de dentro; pero don Paco se aproximó y reparó en el trapo tres ó cuatro agujeros. Aplicó el ojo al más cercano, que era bastante capaz, y lo que vio por allí, antes de reflexionar y de explicárselo lo llenó de susto. Imaginó que veía a Lucifer en persona, aunque vestido de campesino andaluz, con sombrero calañez, chaquetón, zahones y polainas. La cara del así vestido era casi negra, inmóvil, con espantosa y ancha boca y con colosales narices llenas de verrugas y en forma de pico de loro. Don Paco se tranquilizó, no obstante, al reconocer que aquello era una carátula de las que se ponen los judíos en las procesiones de villalegre…”

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